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TRONDHEIM: 14 de Abril del año 1046 d.C.
En la claridad de un anochecer que no viene, termino mis últimas oraciones del día. La paz de Jehová me acompaña adonde sea que vaya, en mis viajes dirige mis pasos y protege mi persona.
Pero este ocaso, me pregunto: ¿por qué nos llamarán el Pueblo Errante? No estoy desorientada, no me siento perdida ni vagabunda. Tengo un rumbo muy preciso: una ciudad del Mundo, cualquiera. Tengo una meta muy clara: encontrar mitos, leyendas, libros, cantos de los pueblos que encuentre en las urbes de esta tierra.
Las estrellas aún no brillan en Trondheim ni el sol se ha puesto en Nídaros cuando desenrollo el pergamino que acabo de comprarle a un joven escribano. Versos que nos vienen de tiempos inmemoriales, un poema y un saber ancestrales que los Vikingos, los terribles guerreros que los Cristianos y Sarracenos temen tanto, aun recuerdan y usan. Copias del canto de la Vieja Edda son difíciles de encontrar, y, entre ellas, el Canto de las Runas es aún más difícil de descifrar si no se ha sido iniciado.
Una a una, las estrofas desfilan ante mis ojos. Dieciocho cantos siguen a la introducción, una por cada runa base. Hoy has unas cuantas más, me dijo el escribano, lo cual demuestra cuán profundas son las raíces de este arte de la divinación, de esta escritura protectora y arcana. Con el primer canto, sé… con el segundo sé… con el último sé…
Ensimismada en el ritmo, yo sólo sé que mi viaje sin fin a imagen de las raíces de Yggdrasil, sólo acaba de empezar.
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CANTO DE LAS RUNAS (extracto)
Sé que he estado colgado
De un árbol sobre una roca expuesta al viento
Nueve noches enteras
Con una lanza herida,
Y que me he ofrecido a Odín.
Yo mismo a mí mismo;
Sobre este árbol
Cuya raíz nadie sabe
De donde proviene.
Nadie me dio pan
Ni un cuerno para beber,
Miraba hacia abajo,
Me esforzaba en las runas,
Las aprendí gimiendo,
Y luego caí a tierra.
(…)
Palabra por palabra
He buscado las palabras,
Hecho por hecho
He buscado los hechos.
(…)
Conozco cantos
Que la mujer del rey no conoce
Ni el hijo del hombre.
El primero se llama “ayuda”,
Pues te ayudará
En las luchas y preocupaciones.
Con el segundo sé
Lo que piden los hijos de los hombres
Que quieren vivir como sanguijuelas.
(…)
Con el séptimo sé
Que si veo una casa elevada
Arder encima de sus habitantes,
No arderá con tal furia
Que no pueda salvarla;
Este canto pueda yo cantarlo.
Con el octavo sé
Lo que a todos
Nos es útil conocer
Allí donde el odio se levanta
Entre los hijos de los hombres
Puedo enseguida apaciguarlo.
Con el noveno sé
Que si tengo la necesidad
De salvar mi barca del agua,
Puedo sobre las olas
Calmar el viento
Y adormecer el mar.
(…)
Con el decimoctavo sé,
Lo que jamás enseño
A virgen, mujer u hombre
Excepto a aquella la única
Que me abraza entre sus brazos
O es mi hermana.
Ahora están cantados
Los cantos del Muy Alto
En el palacio del Muy Alto.
Todos útiles a los hijos de los hombres,
Pero inútiles a los hijos de los gigantes.
¡Salud a quien los ha cantado!
¡Salud a quien los conoce!
¡Salud a quien haya aprendido a sacarles provecho!
¡Salud a los que los han escuchado!
(OFF ROL: El canto completo puede encontrarse en http://tabernaguaranpis.mforos.com/450431/2566032-%20canto-de-las-runas/)
VAASA: 26 de Septiembre del año 1046
La nieve cae en grandes copos, entre ráfagas de viento y períodos de calma. En lo alto del acantilado, mirando a través de la ventana la blanquecina noche que ilumina las aguas del fiordo, siento la profundidad de las creencias nórdicas penetrar mi mente. La importancia de las olas, la riqueza del mar, la omnipresente oscuridad, la violencia de los destinos, la heroicidad de sobrevivir en estas tierras prácticamente desoladas… creo que al fin lo entiendo.
El único calor que queda en medio de la nieve y el hielo es el de los hombres. Un hogar acogedor, un amigo que te ayuda, un ser al que amar.
A mis espaldas, Björn entona de nuevo un canto de amor que dice viene de la noche de los tiempos. Sus miradas recorren mi cuerpo, y un escalofrío de placer lo recorre.
Ambos sabemos que pronto me iré, rumbo a mi casa, rica de mis experiencias. Pero mientras tanto, dejamos que la música nos embauque y que la embriaguez de las melodías rítmicas de los Vikingos nos lleve adonde ya no necesitemos traducción.
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TÄSS'ON NAINEN (He aquí la mujer)
Täss'on nainen tuulen tuoma tuulen tuoma ve'en vetämä
meren aaltojen ajama meren tyrskyn työntelemä
Kuin mie käynen laulamahan laulan mie meret mesiksi
suoloiksi meren somerot meren hiekat hernehiksi
Yhen vyöni vyötännällä yhen paitani panolla
solkeni solittamalla polkimeni painamalla
Nouse luontoni lovesta syntini syvästa maasta
syntini syvästa maasta haavan alta haltiainen.
He aquí la mujer traída por el viento, traída por el viento y tirada por el agua.
conducida por las olas del mar, empujada por el oleaje del mar.
Cuando me ponga a cantar mi conjuro transformaré los mares en miel,
la gravilla del mar en sal, la arena del mar en guisantes.
Una vez sujetándome el cinturón, una vez poniéndome la camisa,
enganchándome con la hebilla, poniéndome el calzado.
Álzate, carácter mío, desde la grieta; sube, pecado mío,
desde el regazo de la tierra,sube, pecado mío,
desde el regazo de la tierra, duendecito, desde debajo del álamo.
(Off rol: letra tradicional escandinava recogida por el grupo fino-sueco Hedningarna y parte de su tercer álbum “Trä”; letra y traducción copiadas de http://www.telefonica.net/web2/dli/hedningarna/hltra.htm#tass )
YERBA: 30 de Abril del año 1047 d.C.
¡Válganme los profetas! ¿Es acaso esto un mercado en una simple isla? No doy crédito a mis ojos, ni a cualquiera de mis sentidos. Este zoco es demasiado grande, este puerto demasiado poblado, estas casas demasiado majestuosas. Por doquier, veo manjares que creía no volver a contemplar desde que dejara las tierras del Norte. También llegan a mí aromas del lejano sur, de la misteriosa África que dicen tan hermosa como impenetrable y adonde sé que mis pasos nunca me llevarán. He rozado con mis manos sedas de la lejana China y piedras preciosas de la arcana y no menos antigua India, ámbar de las moradas de los Rus y pergaminos del Mar Rojo. Mi bolsa no llega a tanto, y he de contentarme con mirar, escuchar, oler, tocar, probar… y recordar.
Como infiel, mi persona no ha sido admitida a entrar en la mezquita mayor, pero la misericordia de Alá, que tanto me recuerda a Dios, Yahvé, quien me guía y me protege, ha tocado el corazón del derbi y he podido ojear parte de un libro de canciones piadosas recogidas por un músico de gran habilidad. Poco entiendo de esa letra, mas al salir de la sala anexa al templo, oí un tar y un oud, tañidos con gran sentir y devoción, y dirigí mis pasos hacia ese sonido. Yahvé sea bendecido mil y una veces en cada día que tenga a bien darme de vida mortal, encontré a un compatriota en medio de la muchedumbre quien entendía el dialecto local. Tras varios días juntos, descubriendo por el puerto las sorpresas que sólo puede deparar una ciudad cosmopolita, emprendo mi viaje de vuelta, con plegarias y cantos de muezines en la cabeza.
“No todo el que pide felicidad la encuentra,
No todo el que lee el libro comprende”
Que esa filosofía me guíe en mis horas más negras. A cada viaje soy más rica de una sabiduría distinta y complementaria.















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